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Morder la mano que te alimenta: Trabajadores agrícolas neoyorquinos sufren de tratamiento abominable

Leanne Tory-Murphy Jul 21

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María es una trabajadora agrícola que vive en un pueblo pequeño al oeste de Syracuse. En los 12 años desde que llegó a Nueva York, se había casado, empezado una familia, y acostumbrado a las cuatro estaciones de su hogar adoptado y sus largos, desolados inviernos. Un día el enero pasado, su esposo, que es indocumentado, salió a lavar su ropa y nunca regresó a casa.

 

Mientras esperaba en su coche afuera de la lavandería, instalando unos juegos en la tableta que había comprado para su hijo de cuatro años, la policía local se acercó al esposo de María. Rápidamente llamaron a la patrulla fronteriza, que lo detuvo en ese instante. Después de ser detenido en varios centros de internamiento durante diez meses, fue deportado a México. Regresó a Chiapas, el estado de su infancia. Ahora, María se encuentra en un aprieto intentando trabajar y criar su hijo como madre soltera. El niño veces se enoja y se niega a hablar con su padre por el teléfono.

 

“Siempre le tengo que recordar,” dice ella, “que no es la culpa de su papá.”

 

Los lagos cristalinos y campos verdes del norte de Nuevo York no son lo que uno inmediatamente considera cuando gente de los estados unidos habla de “la frontera.” Sin embargo, más de 60,000 inmigrantes obreros como María que vienen de México, Centro América, y el Caribe han inmigrado a la región a trabajar en el floreciente sector agrícola. Trabajan horas largas y por pago mínimo en las huertas locales, vaquerías, y otras industrias de salario bajo. Sin embargo, la mayor preocupación de estos inmigrantes es la patrulla fronteriza y los cuerpos policiales locales. Su presencia asfixiante los deja tímidos e inseguros si desaparecerán o no en la gran máquina gubernamental de detención y deportación de inmigrantes. Un trabajador agrícola que fue detenido después de trabajar en los Estados Unidos por nueve años recuerda una actitud común entre los inmigrantes de la región: “Uno tiene que aceptar que ésta realidad es la realidad de uno que llega a vivir aquí.”

 

Nueva York es un estado fronterizo con Canadá, y cualquiera que ha viajado a Montreal ha pasado por sus retenes en la autopista. Pero la jurisdicción de la patrulla fronteriza alcanza mucho más lejos, 100 millas en el interior de cualquier territorio estadounidense o frontera costera. Así pudieron agarrar el esposo de María. El pueblo en donde viven se ubica un poco al sur de la costa del Lago Ontario, donde la frontera internacional cruza por el medio del lago. Según la American Civil Liberties Union, el área de la jurisdicción de la patrulla fronteriza incluye casi dos tercios de la población de los EEUU – al rededor  de 200 millones de personas.

 

El efecto 11 de Septiembre

 

La misión de la patrulla fronteriza es cuidar las fronteras de los Estados Unidos. En años recientes, la definición ha cambiado a incluir “la prevención de que terroristas y armas terroristas, incluyendo armas de destrucción masiva, entren a los Estados Unidos,” según el sitio de la agencia. En los años después de los ataques de 11 de Septiembre, el número de agentes fronterizos sobre la frontera del norte subió de 340 agentes en 2001 a 2,094 agentes en 2014. 288 de estos agentes fueron principalmente colocados en el Estado de Nueva York en 2014, subiendo de 37 en 2001.

 

John Ghertner, un médico retirado y activista que vive en Sodus, el centro de la industria de manzanas del estado, describe el gran crecimiento de actividad de la patrulla fronteriza después del 11 de Septiembre. “En aquel entonces eran tácticas de Gestapo. La patrulla fronteriza estaba invadiendo el pueblo de Sodus todos los domingos en la mañana, recogiendo a gente de camino a la iglesia. En serio estaban llenando camiones con gente en ese tiempo.”

 

Ghertner y otros decidieron organizarse para sacar a la patrulla fronteriza de su comunidad. Se nombraron “Church Watch” — un grupo de cerca de 20 miembros de la comunidad, incluyendo el alcalde y congresista local Dan Maffei.  Juntos, se pararían al otro lado de la calle de la iglesia católica cada domingo en la mañana, para ser testigos de lo que estaba pasando. Sus esfuerzos no terminarían con eso. Un grupo motivado de voluntarios de la comunidad empezó a seguir a agentes fronterizos donde sea que fueran, filmando y fotografiándolos. La patrulla fronteriza temía a la mala publicidad, recuerda Ghertner, y la documentación de sus actividades tanto como exposición nacional e internacional los forzó a ser más discretos.

 

Aunque la época de incursiones haya terminado, la patrulla fronteriza ha encontrado otras formas menos conspicuas de acosar a inmigrantes indocumentados. Ocuparse de los puntos de entrada y salida de Canadá, agentes fronterizos en Nueva York también prepararon retenes en el interior. Los llaman para “interpretar” por la policía local y se suben a trenes Amtrak y autobuses Greyhound que pasan por la región, incluso por rutas solamente domesticas.

 

En noviembre de 2011, la New York Civil Liberties Union, junto con la Clínica de Derechos de Inmigrantes en la Universidad de Nueva York y Familias para la Libertad, una organización de derechos de inmigrantes, produjeron un reporte llamado “Justice Derailed” que examinó las redadas de transportación de la policía fronteriza en Nueva York. La policía fronteriza tuvo que reproducir los documentos en cuales el reporte está basado sólo después de que abogados presentaron una demanda formal. Los documentos revelaron que entre 2006-2009 casi 2,800 fueron arrestados en incursiones solo en la estación de Rochester. El 76% de la gente arrestada había estado en el país por más de un año, y el 73% era de origen latino-americano, lo cual indica que la policía fronteriza no está buscando gente que había cruzado la frontera Canadiense recientemente, sino inmigrantes latinos que por casualidad vivían y trabajaban en la región. Debido al patrullaje agresivo de la policía fronteriza, muchos ciudadanos de los EEUU y otros que están presentes en el país legalmente han sido afectados.

 

La historia de Cecilia

 

Cecilia fuma un cigarro mientras relata cómo fue parada por la cuarta vez en la semana después de los ataques de Paris el 13 de noviembre. Otra vez le pidieron de dónde era, si era ciudadana de los EEUU, a dónde iba. Sus ojos son vigilantes y cansados. Se está cansando de esto.

 

Está viviendo en otro mundo comparado con su casa rural en Puerto Rico (cuyos habitantes adquirieron la ciudadanía estadounidense por un acto del congreso en 1917), donde los habitantes cultivan yuca y batatas, crían caballos y vacas y “hay frutas y vegetales por todos lados.” Su esposo, Juan, se mudó de la isla al condado St. Lawrence hace cuatro años después de ver un anuncio de trabajo en un periódico puertorriqueño, y Cecilia lo siguió un año después. No fue exactamente lo que esperaba. Antes de que se lastimara trabajando hace unos meses, estaba trabajando turnos de 12 horas, de cuatro de la tarde a las cuatro de la mañana, ordeñando vacas y limpiando sus casillas por el salario mínimo y a veces en condiciones extremamente frías e inseguras.

 

Cecilia se fracturó la pierna despues de un resbalo sobre una placenta en una casilla que no fue correctamente limpiada donde una vaca acababa de parir. Afuera de su trabajo, se sintió perseguida tanto por la patrulla fronteriza como la comunidad local, que trata a gente como ella con sospecha.

 

Alimentando la prosperidad del yogurt griego''

El condado de St. Lawrence, que queda en la esquina más al noreste del estado, es uno de los mayores productores de productos lácteos en los Estados Unidos. Nueva York, mientras tanto, es actualmente el tercer productor de leche más grande de todos los estados. Según la Universidad de Cornell, la industria de lácteos es responsable por $14.8 billones en producción económica, y es el contribuidor de impuestos más grande de la economía agrícola del estado. Nueva York es el mayor productor de queso “cottage,” queso crema y yogurt (incluyendo el griego) en el país. Entre 2008 y 2013 la producción de leche incrementó siete veces para soportar el crecimiento de la industria del yogurt Griego. Por algunos cálculos, en el 2013, el yogurt griego producido en Nueva York acaparaba un 70% de todo el yogurt Griego vendido en los EEUU, a la mano de compañías como Chobani and Fage.

 

A medida que la industria crece, algunos condados, como St.Lawrence, han tenido que consolidarse en el sector lácteo, con algunas operaciones creciendo cada vez más grandes, forzando a los negocios familiares más pequeños a cerrar. La industria en su totalidad está marcada por imperantes peligros de salud y seguridad, horas de trabajo extremas y salarios bajos.

 

Cuando Juan empezó, los trabajadores eran una mezcla de puertorriqueños, Mexicanos, y Amish. Dice que ahora han ido sacando a los mexicanos por los cateos de inmigración.

 

Juan recuerda un cateo a la casa de los trabajadores una noche muy tarde. “Vinieron a la casa de los empleados alrededor de las 11 de la noche… vieron una puerta abierta y entraron a la casa, diciendo ‘Es la Policía Fronteriza, ¡todos a la sala comedor!”

 

La Policía Fronteriza les pidió a los empleados que fueran uno por uno a sus cuartos por su identificación. Los residentes no le habían dado permiso a la policía para entrar a la casa. Solo se dieron cuenta que los agentes estaban ahí cuando comenzaron a tocar en las puertas de los cuartos.

 

“No tocaron, no llamaron al jefe, no hicieron nada,” dijo Juan. Detrás de la casa donde vivían los puertorriqueños había otra casa más pequeña que no se veía desde el camino. Los trabajadores mexicanos vivían ahí. Cuando uno de los puertorriqueños fue a su curato por su identificación rápidamente llamó a la otra casa de su celular para decirle a los ocupantes que huyeran. La Policía Fronteriza no los encontró aquella noche.

 

A pesar de no poder ser deportado por ser ciudadano estadounidense, Juan dice que él se siente perseguido. Juan estima que lo han detenido 11 veces en los últimos cuatro años, frecuentemente cuando está llendo o volviendo del trabajo, como a una milla por el camino. Su hija preadolescente sufre de ataques de pánico cuando ve agentes policiales. Cuando le preguntan porque piensa que lo detienen con tanta frecuencia, el simplemente responde, “Por ser Latino.”

 

“Cuando salgo con mi hijastra… se pone nerviosa,” agrega Cecilia. “El momento en el que uno olvida su identificación en casa lo tratan a uno como si no tuviera nada que mostrarles, una identificación con tu foto, que te van a mandar a la cárcel, y bueno, es algo que asusta.”

 

Cecilia cree que la Patrulla Fronteriza ve a todos los hispanohablantes como si fueran de México.

 

“Inclusive cuando dices, o les muestras una identificación, y si no leen bien que dice Puerto Rico piensan que eres Mexicano,” dice. “Mi marido tuvo ese problema, le dijeron ‘No, tu eres mexicano.’ Y mi marido les dijo ‘Tengo una identificación que dice Puerto Rico, yo soy de Puerto Rico.’”

 

En el 2013, Families for Freedom y la clínica de Leyes de NYU lanzaron otro reporte revelando que centenares de individuos legalmente presentes habían sido acosados, arrestados o detenidos como resultado de la política de la Patrulla Fronteriza. El reporte también reveló que la Patrulla Fronteriza de Nueva York estaba compensando a agentes que arrestan con bonos en efectivo, tiempos de vacaciones y tarjetas de regalo a través de programas de incentivos que premian una mal definida “calidad de trabajo.” En el 2011 los programas de bonos estuvieron valuados en $200,000 en el sector de Búfalo, que abarca mucho del norte del estado de Nueva York.

 

Abandonados en la granja

 

La aplicación de la ley de inmigración a lo largo de la frontera norte del estado de Nueva York ha tenido consecuencias devastadoras. Muchos trabajadores agrícolas, una vez que llegan al lugar donde los contratan, nunca se van, en algunos casos sufriendo años de aislamiento social. Personas en esta situación pagan para que les traigan las compras del supermercado a casa (que es frecuentemente donde trabajan) y le pagan a gente para que mande dinero por ellos. Cuando abusos suceden, les puede dar miedo defender sus derechos o les falta acceso a recursos externos. Muchos trabajadores se encuentran en la situación vulnerable de ser explotados por su falta de movilidad y miedo a la ley migratoria.

 

Las actividades de la ley migratoria no solo afectan la vida de los trabajadores y la de sus familias, son también la de los granjeros regionales y la economía agricultural que sostienen. La gente no se muda de un pueblo pequeño en México o Puerto Rico a un pueblo pequeño en Nueva York por accidente. Como en el caso de Juan, son con frecuencia reclutados directamente. Muchos granjeros se quejan de la dificultad en procurar suficiente trabajo para sus operaciones. En un reporte reciente, producido por el Cornell Farmworker Program establece que, “Para que el estado de Nueva York capitalice en el boom del yogurt, el problema critico de labor confiable y suficiente debe ser directamente dirigido.” Cuando las provisiones de la ley anti-migratoria en Alabama fueron aprobadas en 2011 el estado perdió millones de dólares en cultivos.

 

La fruta debe ser piscada o se pudre. Las vacas necesitan ser ordeñadas todos los días y la mayoría de las granjas abren las veinticuatro horas del día. Los turnos de trabajo son de doce horas y a veces hasta más. Los granjeros frecuentemente trabajan seis días por semana, inclusive a veces hasta siete, y generalmente ganan un poco más que el salario mínimo. La mayoría de los ciudadanos nacidos en los EEUU se niegan a trabajar bajo esas condiciones. Como resultado, muchos granjeros utilizan contratístas para mantener un flujo estable de labor, mientras otros les piden a sus empleados a que inviten amigos y miembros familiares desde sus países. La mayoría de los inmigrantes llegan a los EEUU endeudados con sus jefes, contratístas o familiares, lo cual los obliga a tener quea trabajar y aumenta su vulnerabilidad.

 

La vulnerabilidad de los granjeros ha sido consagrada desde que fueron excluidos de legislaciones que tuvieron lugar a cabo en la época del New Deal, bajo la insistencia de congresistas del sur que se oponían a darles derechos a los trabajadores y granjeros agriculturales negros en sus regiones natales. La ley estatal no es mejor en Nueva York, donde los granjeros no tienen derecho a un día de descanso, paga sobre tiempo extra, o protecciones colectivas de regateo. La Farmworker Fair Labor Practices Act acabaría con esas exclusiones de la era de Jim Crow en Nueva York pero murieron nuevamente en el Senado del Estado este ano, controlado por Republicanos.

 

El pueblo responde

 

La presencia de la ley de inmigración en las regiones fronterizas agrega una amenaza que mantiene a muchos trabajadores con miedo de hablar acerca de sus condiciones de trabajo y abogar por sus derechos. Rebeca Fuentes, una organizadora con el Workers’ Center of Central New York (WCCNY) en Syracuse traza su involucramiento con problemas con la ley de inmigración al 2005. En ese entonces, muchos inmigrantes en el centro de Nueva York estaban siendo detenidos en Syracuse y en pueblos vecinos. Miembros de comunidades locales empezaron una Detention Task Force (Junta de Detención) cuyo trabajo se centraba alrededor del desarrollo de un fondo de fianzas para los inmigrantes detenidos. Pero como dice Fuentes, “No podíamos mantenernos al tanto.” El grán volumen de demandas del fondo de fianzas obligó al grupo a redirigirse a la raíz del problema, las detenciones mismas.

 

El grupo comenzó a organizar demonstraciónes en las paradas de autobuses y el tren en Syracuse, donde muchos arrestos ocurrían, y mandaron cartas a Amtrak, Greyhound y otros medios de transportación acerca de sus preocupaciones. También comenzaron a colaborar con departamentos de la policía local para discutir como la colaboración de la policía con las fuerzas de migración socavan la seguridad pública porque los inmigrantes que temen ser detenidos y deportados no van a reportar crímenes inclusive cuando ellos mismos son las víctimas. Fuentes dicen que las cosas han mejorado un poco desde aquel entonces, redadas a la transportación han sido menos frecuentes y la policía local esta menos inclinada a llamar a la policía de migración. Sin embargo, la vida para los inmigrantes en áreas rurales permanece difícil a causa del aislamiento social, falta de acceso a transportación, hostilidad racial y miedo.

 

El Comité de Trabajadores Agriculturales (WCCNY por sus siglas en inglés), formado en 2013, quiere cambiar esa dinámica. Un grupo de trabajadores de lecherías de variados condados han organizado demonstraciónes en la feria estatal y en una granja grande en Lewis County para sacar a luz las condiciones de trabajo de la industria, El grupo ha exitosamente animado al Occupational Safety and Health Administration a llevar a cabo inspecciones sorpresa dado el alto índice de accidentes y muertes. Escogieron la colaboración con la policía local con la fuerza de inmigración como un problema focal después de que uno de sus miembros, José Coyote, fue detenido el año pasado. En ese caso, la policía del parque llamo a migración mientras Coyote disfrutaba un paseo por el parque con su familia.

 

Fuentes y Ghertner están de acuerdo que las detenciones y las redadas podrían incrementar de nuevo en cualquier momento. El congresista Republicano John Katko, quien reemplazó a Maffei, está empujando para incrementar los refuerzos en Nueva York, afirmando en una rueda de prensa reciente que, “Fuerte seguridad en la frontera asegurara la seguridad del estado de Nueva York y la soberanía de nuestra nación.” El Northern Border Security Review Act, que él introdujo, paso la House of Representatives este Octubre. Fuentes dice que si la ley pasa, va a ser todavía más difícil para los inmigrantes vivir en la región, agregando, “Esta es la gente que está haciendo a sus pueblos prosperar, y los estamos marginando, aislando y criminalizando.”

 

Traducido al español por Gerardo Fuentes Escalante, La Voz, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson.

 


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