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Ratas en el Pasillo

Mujeres de color y de clase trabajadora y jóvenes socialistas blancos juntan sus fuerzas contra propietarios de firma de capital privado. Vea el primer episodio de la serie ‘Battle For New York’ de The Indy.

Georgia Kromrei Feb 22

Issue 232

“Las ratas simplemente rompieron la rejilla”, me cuenta Marie Miranda señalando un gran hoyo afuera de su edificio en el 231 de East 117th Street en East Harlem.

“Las veo salir de allí todo el tiempo”. La losa gruesa de metal está doblada, dijo, a pesar de múltiples reparaciones por parte de los residentes del edificio.

Era finales de agosto y Marie, una ex bailarina de salsa y camarera de 66 años, y yo recién veníamos de una reunión de la asociación de inquilinos celebrada en las oficinas administrativas de Manhattan Legal Services. Ocho inquilinos del 231 de East 117th se reunieron para discutir estrategias para confrontar al propietario del edificio, Emerald Equity, una firma de capital privado, y hacer algo acerca de sus horrendas condiciones de vivienda.

Emerald Equity y la compañía que contrató para supervisar las escaleras que conectan los seis pisos, ArchRock Management, estaban acosando a inquilinos indocumentados, amenazando con llamar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) si se quejaban, y estaban obligando a muchos de ellos a mudarse. No había habido agua caliente en el edificio desde el primero de agosto y el gas se cortó el primero de julio. Algunos inquilinos habían estado sin gas durante casi un año como resultado de las obras de construcción sin permisos en siete apartamentos recientemente desocupados, que estaban siendo reformados y convertidos en apartamentos de lujo.

Los inquilinos recientemente habían formado una asociación y presentado una demanda contra 231 E 117 LLC, la corporación de responsabilidad limitada que sirve como caparazón para Emerald Equity. También habían hablado sobre llevar a cabo una huelga de alquiler dejando de pagar su renta correspondiente, conseguir una reducción en el precio del alquiler y de cómo ponerse en contacto con los residentes de otros edificios propiedad de la compañía, con la esperanza de formar una coalición. En los meses siguientes sus esfuerzos para organizarse ofrecieron una visión del potencial de las luchas lideradas por los inquilinos contra la gentrificación y de los desafíos a los cuales se enfrentan, en un momento en que los inversores en busca de aumentar sus beneficios intentan expulsar a los inquilinos en muchos de los 900.000 apartamentos de renta estabilizada que existen en la ciudad de Nueva York.

   

El 231 de East 117th es uno de los 47 edificios de East Harlem que componen el “Portafolio Dawnay Day”, y fueron construidos entre 1900 y 1961. En 1980, cuando Steven Kessner, el hijo de un taxista del Bronx, comenzó a consolidar el portafolio, el “vuelo blanco” —la salida de los residentes blancos de las áreas urbanas racialmente mixtas hacia los suburbios—, la discriminación, el crimen y una caída en los servicios de la ciudad provocaron una fuerte disminución del valor de las propiedades y se abandonaron decenas de edificios. Kessner compró lotes enteros de una sola vez. En 1981 compró un lote por solo $15.500.

La mayoría de los apartamentos del portafolio eran de renta estabilizada, una forma de regulación de alquileres que la ciudad de Nueva York promulgó en 1969, que desde entonces ha sido asumida por el estado. Los inquilinos con renta estabilizada tienen el derecho de renovar su contrato de alquiler, no se les puede desalojar sin una causa legal, están exentos de aumentos de alquiler arbitrarios y tienen derecho a formar una unión de inquilinos. Sin embargo, sus apartamentos a menudo pueden ser desregulados — a menudo ilegalmente — si los inquilinos se van, lo que ha llevado a un hostigamiento generalizado por parte de los propietarios.

Cuando Kessner terminó, tenía ya 47 edificios que albergaban a más de 5,000 personas. Se veía a sí mismo como un empresario, pero los inquilinos se quejaban de apartamentos helados, agujeros en los pisos por donde los roedores podían moverse libremente por dentro y fuera de sus casas, y una falta constante de agua caliente.

Los grupos vecinales liderados por inmigrantes mexicanos y el Movimiento por la Justicia de El Barrio, la extensión del movimiento Zapatista en Nueva York, comenzaron a liderar las protestas públicas contra Kessner y lo demandaron para ganar rebajas en los alquileres. En el 2007, agobiado por numerosas demandas y mala publicidad, y sin poder convertir las unidades en apartamentos de lujo de alto alquiler con la suficiente rapidez para mantener el portafolio rentable, Kessner vendió los edificios a Dawnay Day, una firma británica de capital privado.

Dawnay Day pagó $225 millones por los 47 edificios. En esos momentos tenían 2,149 demandas abiertas según el código de la vivienda de la ciudad, incluidas demandas por peligro de contaminación de plomo por la pintura y las ventanas rotas. Aún así, fue una inversión atractiva. La empresa planeaba replicar una estrategia que había tenido éxito en el barrio londinense de Brixton, el cual fue hogar de bohemios e inmigrantes caribeños: expulsaría a los inquilinos de larga duración y de bajos ingresos y renovaría los edificios para desregular los apartamentos y atraer a inquilinos más ricos quienes pagarían rentas más altas.

Dawnay Day comenzó importantes renovaciones como preludio de eventuales desalojos masivos, pero la crisis financiera intervino. En septiembre de 2008, la empresa se quedó en bancarrota. Vendió muchas de sus propiedades, incluida una pintura de Lucian Freud de $34 millones y los edificios de East Harlem.

En diciembre de 2016, después de varios cambios de propiedad, Emerald Equity compró el portafolio de 47 edificios por $375.5 millones, con la ayuda de $350 millones de Brookfield Property Partners, un “administrador alternativo de activos”.

El precio de compra fue de alrededor de $317,000 por unidad, relativamente bajo según los estándares de Nueva York, pero el 96 por ciento de las unidades eran de renta estabilizada, con los inquilinos pagando muy por debajo de las potenciales rentas del mercado de esa área. Emerald Equity nunca vería un retorno de su inversión si a esas personas se les permitiera quedarse.

La compañía retomó donde lo habían dejado sus predecesores. Cobró honorarios por hacer mantenimientos rutinarios o, simplemente, dejó de realizar el mantenimiento y comenzó a amenazar a los inquilinos indocumentados con llamar a las autoridades de inmigración.

   

SIN MIEDO: “La razón por la que hacen (el propietario) cualquier cosa por mí, es porque tengo una boca grande”, dice Marie Miranda, una líder de inquilinos que ha vivido en el 231 de E. 117th. Street desde 1986. Crédito de la fotografía: Isaak Liptzin.

Construido en 1910, el 231 de East 117th Street es uno de los edificios más antiguos del portafolio. Su fachada de ladrillo rojo proyecta una hermosa imagen sobre la frondosa calle entre la Segunda y la Tercera Avenida. En el interior, los amplios suelos de mármol y las amplias escaleras que conectan los 35 apartamentos del edificio seguramente estuvieron una vez impolutas. Ahora el polvo grueso de la construcción queda suspendido en el aire. Cubiertas de plástico con cremalleras, como bolsas para cadáveres, cubren las puertas de los residentes: una concesión ganada por la asociación de inquilinos para evitar que el polvo entre en los apartamentos.

Marie se mudó al 231 de East 117th en 1986, cuando el edificio todavía era propiedad de Kessner. Ella recuerda aquellos días en que el tráfico de drogas era endémico en el este de Harlem y como más de una vez vio cadáveres acumulados detrás del edificio.

Ya no baila mucho, pero todavía sueña con tener un estudio de baile, no para ella, sino para su hijo, que ha viajado como bailarín suplente con Beyoncé y Missy Elliott. Su hija es una trabajadora social de los Servicios de Protección Infantil, y Marie a menudo cuida de su nieto por las noches cuando su hija tiene que hacer visitas a los hogares. Ella planea dejar su apartamento de dos habitaciones a su hijo algún día.

Antes de guiarme por su edificio Marie me cocina el desayuno. Soy la segunda persona en visitar su apartamento en 15 años; el primero fue Alex Nicoll, su vecino socialista del piso de arriba. Su gato, Oreo, se une a nosotras. Marie es alérgica a los gatos, pero dijo que prefiere vivir con un gato que con las ratas. Ella le da crédito a Oreo por mantener a las alimañas fuera de su apartamento. Lo entrenó para que salte por un agujero en la pared de la habitación de su hijo cuando lo llama.

Algunos inquilinos me habían advertido sobre Marie. Dijeron que era ruidosa y obstinada, y que a veces podía llegar a ser algo brusca. Ella no está en desacuerdo. Su ruidosa naturaleza es una fuente de orgullo y una herramienta emocional que ha usado contra su propietario.

“La razón por la que logro que hagan todo lo que les pido es porque nunca me quedo callada”, dijo. “Reunimos a las personas y tenemos un abogado”.

El primero de julio, cuando se cortó el gas de todo el edificio, Marie comenzó a recopilar los números de celulares de personas en el edificio y creó un chat grupal en WhatsApp. Ella y otro inquilino fueron a Manhattan Legal Services para pedirles que intervinieran.

El 28 de septiembre, en una asamblea pública en East Harlem, Marie tuvo la oportunidad de explicarle al alcalde Bill de Blasio su grave situación y la de sus vecinos. El alcalde dijo que los funcionarios del Departamento de Edificios no se irían sin hablar con ella. A la mañana siguiente, los inspectores del departamento visitaron el 231 de East 117th St. y emitieron multas contra Emerald Equity por las obras de construcción ilegales. Marie y sus vecinos lo celebraron, pero continuaron organizándose.

   

‘¿Dónde están nuestros 1.800?’, intervino Olga Piña, una residente que lleva 20 años en el edificio. ‘¿Por qué no todos están aquí en estas reuniones?’

En septiembre, tres semanas después de su primera reunión con Manhattan Legal Services, la asociación de inquilinos del 231 de East 117th se reunió de nuevo, llenando el 4E, el apartamento de Alex Nicoll.

Alex, originario de una comunidad dormitorio en Connecticut, se mudó al edificio después de graduarse con una licenciatura en inglés del Boston College y una considerable deuda del préstamo estudiantil. Tomó un trabajo de nivel básico como reclutador en una prominente empresa financiera y se mudó al edificio de East Harlem con su primo John.

El principal atractivo del apartamento para él era el precio. No se dio cuenta de que el edificio era de renta estabilizada. No sabía lo qué era la renta estabilizada, pero era uno de los pocos lugares que podía permitirse. Después de mudarse, sin embargo, Alex se sintió aislado de la comunidad. No tenía raíces en East Harlem y no hablaba español. “Era un espacio extraño para mí”, me dijo. “Realmente no tuve otra opción que mudarme a ese apartamento, pero a la vez, gano más dinero que algunas de las familias”.

Los alquileres en el edificio varían ampliamente. Marie Miranda paga $840 al mes. Un inquilino más reciente paga $2.200 por un apartamento con la misma distribución. Ella no tiene documentos y comparte el lugar con otras 10 personas, incluidos cuatro niños pequeños.

Alex y sus dos compañeros de apartamento pagan casi $3.000. Unos meses después de que se mudara el techo de su sala se derrumbó. Nadie resultó herido y las reparaciones se hicieron rápidamente. Alex se sintió aliviado. Pero cuando mencionó el incidente a algunos de sus vecinos se enteró de que no era el único en el edificio cuyo techo se había caído. Aún más triste era que él era el único cuyo techo había sido reparado con prontitud. Otros inquilinos habían tenido que esperar semanas e incluso meses.

Alex comenzó a hablar con más frecuencia con los otros inquilinos y conoció a Marie Miranda, a quien describió como el “tejido conectivo” del edificio. También se puso en contacto con los Socialistas Democráticos de América (DSA). Al igual que muchos jóvenes que se inspiraron con la campaña presidencial de Bernie Sanders, Alex se unió a DSA después de la inauguración presidencial de Donald Trump en 2017. Él pagaba las cuotas, pero no era un miembro activo. A pesar de esto, a medida que las condiciones en su edificio empeoraron, recurrió a la organización en busca de ayuda.

Los miembros de DSA proporcionaron el conocimiento y la experiencia que Alex y sus compañeros arrendatarios necesitaban. Los abogados de Manhattan Legal Services no tenían tiempo de enseñar a los inquilinos las complejidades de la ley de estabilización de alquileres, pero los socialistas sí.

Esa noche de Septiembre, 30 personas llenaron el apartamento de Alex. Sirvió cerveza casera. Marie ofreció a sus huéspedes conchas de pasta rellenas de queso ricotta. La moral estaba alta, pero a medida que la reunión comenzaba, el sonido de un fuerte grito llenó el edificio. La gente corrió a ver qué estaba pasando. En el primer piso, varios inquilinos estaban peleando con una rata. Era enorme y no les tenía miedo a los humanos; ArchRock Management no había proporcionado ningún servicio de exterminio, a pesar de las numerosas solicitudes. La rata había caído varios pisos abajo y había saltado sobre la pierna del pantalón de un inquilino, que se sacudió y la persiguió fuera del edificio.

   

A medida que se iba reanudando la reunión, estalló un desacuerdo que era trivial para algunos y crucial para otros.

Como solución temporal ante la falta de gas, la administración había instalado fogones eléctricos baratos. Florencia Aguilar, del 4D, dijo que la concesión se había otorgado con demasiada facilidad. Ella se había unido a la asociación de inquilinos por el problema del gas, y pensaba que los fogones eléctricos solo serían una solución temporal. Ella prefiere cocinar con gas y le preocupa un aumento en su factura mensual de electricidad. Ella y varias otras inquilinas amenazaron con abandonar la asociación si sus preocupaciones no se tomaban en consideración. Pero ahora que los fogones habían sido instalados, era difícil para la asociación dar marcha atrás.

El argumento subrayó un límite incómodo entre Alex y sus vecinos, con el cual él y DSA, como organización, están luchando. DSA está compuesto en su mayoría por gente blanca y sobretodo hombres. Sus miembros jóvenes con educación universitaria están en gran medida desconectados de las comunidades de color de clase trabajadora a quienes buscan empoderar. Sus limitaciones presupuestarias son reales, pero no sufren los mismos riesgos en la comunidad que aquellos residentes que llevan viviendo en ella desde hace mucho tiempo.

Aquí en East Harlem, los miembros de DSA están aprendiendo cómo organizarse en espacios donde las protagonistas más fuertes son las mujeres de clase trabajadora que a menudo proveen para sus familias a través del uso de sus fogones. Esas mujeres estaban preocupadas porque cocinar en una cocina eléctrica es más caro y no pueden subir o bajar el fuego rápidamente. También les preocupaba que sus hijos se quemaran las manos si tocaban las bobinas calientes de los quemadores.

“Para mí, el tema de los fogones no marcó mucha diferencia, pero claramente es una cuestión de género”, reflexionó Alex más tarde.

Al caminar por el edificio con Marie un día después, en otoño, percibí el inconfundible olor a nopal quemado. Miramos a través de la puerta de un apartamento abierto, donde dos mujeres hispanas estaban lidiando con un humeante comal (una plancha de estilo mexicana) colocado sobre el fogón. Aunque la indignación por los fogones eléctricos ha disminuido, no todos se han acostumbrado a ellos.

Ese mismo día, Marie y yo logramos entrar en el 5D, una de las unidades vacías en el centro de toda la construcción ilegal. La puerta estaba abierta, la luz empotrada encendida. Era la hora del almuerzo y los trabajadores de la construcción habían dejado su equipo apoyado contra la pared.

La sala de estar y un dormitorio habían sido ampliados y divididos en un área de comedor y cocina, con paredes de color malva y pisos de madera gris. La cocina estaba equipada con electrodomésticos de acero inoxidable, incluyendo un lavaplatos y un enorme horno de vidrio negro. Había un armario separado con una lavadora y una secadora y el baño tenía una taza de váter moderna y una nueva ducha con puerta de vidrio. Era otro mundo en comparación con los otros apartamentos en el edificio.

   

Alex Nicoll comenzó la reunión de la unión de inquilinos el 10 de diciembre leyendo un capítulo de ‘La Otra Historia de los Estados Unidos’ de Howard Zinn sobre los levantamientos de inquilinos en el Valle de Hudson en la década de 1830. Mientras leía en inglés desde la pantalla de su computadora portátil, un vecino traducía inquieto el texto denso sobre un enfrentamiento entre un sheriff y su pelotón de 500 oficiales de la policía montada contra 1.800 campesinos arrendatarios que se negaban a pagar el alquiler.

“Eso es exactamente lo que necesitamos”, intervino Olga Piña, una residente que lleva 20 años en el edificio. “¿Dónde están nuestros 1.800? ¿Por qué no todos están aquí en estas reuniones?”

Más tarde, Olga le dijo al grupo que muchos inquilinos hispanos no se habían unido a la asociación debido a una mala comunicación o un malentendido acerca de quién puede participar. Dijeron que Johnson Atkinson, el abogado de Manhattan Legal Services que los representa en su demanda contra Emerald Equity y ArchRock Management, les dijo que necesitaban un número de la Seguridad Social para poder ser su cliente.

“Me dijo: ‘yo solo defiendo a personas legales'”, dijo Olga.

Otro inquilino hispano confirmó lo dicho por Olga. Esto fue recibido con consternación por parte de los otros inquilinos.

Atkinson fue contactado en varias ocasiones por este periódico para invitarle a comentar al respecto de este artículo, pero no respondió.

Los inquilinos acordaron dejar las cosas claras tanto con Atkinson como con los inquilinos de habla hispana, reacios a participar en la asociación. No es necesario ser ciudadano o tener permiso de residencia para formar parte de una asociación de inquilinos o participar en una huelga de alquiler. Los propietarios están sujetos a contratos de arrendamiento independientemente del estatus de inmigración de sus inquilinos.

“¿Quieres decir que puedo decirle a mi gente que pueden venir a las reuniones?”, le susurró Olga a Marie en español.

Lo siguiente en la agenda era el tema de los avisos por falta de pago. Todos los inquilinos involucrados en la huelga de alquiler habían recibido llamadas la semana anterior amenazándoles con ser desalojados si no pagaban. Varios inquilinos expresaron su compromiso de continuar con huelga. Esto les daría a sus demandas por reparaciones más fuerza. Otros vacilaron.

“No quiero necesariamente un aviso de falta de pago en mi archivo”, dijo Alex.

Los inquilinos acordaron posponer su decisión. Había un elemento más apremiante en la agenda: Marie se había quejado a ArchRock de que el portero del edificio no sacaba la basura ni limpiaba los pasillos, y sospechaba que estaba traficando con drogas en la calle. En el pasillo fuera de su casa, él le había dicho que sería mejor que se cuidara. Nadie en la asociación de inquilinos confía en la ayuda de la policía. En su lugar, la asociación hizo un llamamiento a DSA para que proporcionara a Marie escoltas voluntarios cuando iba a su casa desde la de su hija a altas horas de la noche.

“Me siento responsable”, dijo Alex. “Con darle un bote de espray de pimienta no es suficiente”.

   

El 28 de enero, Marie Miranda cocinó ensalada de papas, pastelillos y arroz para un grupo de 30 socialistas e inquilinos de Emerald Equity reunidos en el departamento de Alex para la reunión del DSA Housing Working Group. Los socialistas vinieron a escuchar las experiencias de los inquilinos, y los inquilinos vinieron a dar testimonio poderoso del abuso del propietario. Solo había espacio para estar de pie mientras la gente se apilaba en la sala de estar y se inclinaba desde la cocina para escuchar a los inquilinos hablar.

Uno por uno, en español, los inquilinos dieron desgarradores relatos de abusos durante décadas, incluida la muerte del padre de un inquilino debido a la negligencia de la administración, avisos de renovación del contrato de alquiler enviados tarde, irregularidades en el historial de alquiler, baños sin lavamanos que funcionasen, moho y hongos, infestaciones de cucarachas y chinches, y recientemente el período de construcción de ocho meses, cuando los techos colapsaron, las tuberías estallaron y durante el cual frecuentemente los inquilinos se quedaban sin servicios básicos.

Los inquilinos también expresaron su frustración por el ritmo y las limitaciones de la demanda. Las demandas avanzan lentamente, y aunque se está progresando en la reducción del alquiler de varios de los inquilinos más afectados, las cucarachas infestan muchos de los apartamentos. El “súper” estaba en Venezuela, por lo que nadie estaba limpiando el edificio. En diciembre, se llamó al Departamento de Bomberos cuando unos fogones eléctricos se incendiaron. El 24 de enero, dejó de haber agua caliente en todo el edificio después de que estallara una tubería en uno de los apartamentos recientemente renovado y ahora alquilado.

Emerald Equity, ArchRock Management y Brookfield Property no respondieron a las solicitudes de comentarios.

Una carta de Con Edison muestra que los propietarios deben $10.000 en facturas de electricidad. El Departamento de Edificios emitió siete violaciones a la Junta de Control Ambiental en septiembre, que todavía están pendientes. Nadie del lado del propietario se presentó a la audiencia para disputar las violaciones, y las multas impagas ahora suman un total de $10.580. Hay una orden para detener el trabajo pegada a la puerta de la entrada del edificio.

Mientras tanto, en diciembre, el Concejo Municipal aprobó un plan de rezonificación respaldado por de Blasio para East Harlem que permitirá la construcción de torres de gran altura. Se espera que los nuevos apartamentos a precios de mercado aumenten enormemente las presiones de gentrificación en el vecindario.

Traducido del inglés por Elia Gran y Alexandra Ximenez, con Igor Moreno Unanua.

Estas son noticias apoyadas por lectores. Done hoy.

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Foto (arriba): ORGANIZÁNDOSE: Residentes de hace tiempo del 231 de E. 117th St. y miembros de los Socialistas Democráticos de América se juntan y crean una estrategia después de compartir una cena de ensalada de patata, pastelillos y arroz. Crédito de la fotografía: Isaak Liptzin.